30.9.16

que dios te bendiga

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(Calle Concordia al 1100, un domingo de sol en Buenos Aires)

29.9.16

el momento 0 de la ópera

(…)

“De todos los ruidos conocidos por el hombre, la ópera es el más caro”. La frase no fue dicha por un filisteo ni por un político ansioso de hacer recortes presupuestarios; tampoco corresponde al siglo XXI. La observación se le atribuye al escritor Jean-Baptiste Poquelin, más conocido como Molière, y por lo tanto, al siglo XVII, el mismo en que, puede acordarse, empezó el género lírico tal como lo conocemos ahora. Allí estaban ya las objeciones que se repiten desde hace cuatrocientos años: la estridencia, el costo y, claro está, el artificio. El derecho de la ópera a la existencia estuvo siempre en duda. Aun así, cuanto más parece ser dada por muerta, más parece la ópera ofrecerse a la reinvención, como si la impugnación fuera funcional a su subsistencia. Incluso cuando Bertolt Brecht barrió con todos los supuestos de la forma dramática en favor de esa otra forma teatral que llamó “épica” (cero narración, cero ilusionismo) lo hizo por medio de las óperas que escribió con Kurt Weill: La ópera de tres centavos, Mahagonny, Los siete pecados capitales.

(…)

Para entender esto hay que ir hasta el nacimiento de la ópera, el 6 de octubre de 1600, cuando en el palacio Pitti de Florencia se estrenó Euridice de Jacopo Peri, y con ella se estrenó ese género nuevo, completamente artificial, que inventó la Camerata Florentina. Es cierto que la ópera no podría haber aparecido en otro momento que no fuera el Barroco, pero el desdoblamiento de la vida ganó una condición permanente que se aclimató a otras épocas.

(…)

PABLO GIANERA
“¿Cuánto artificio podemos soportar?”
(la nación, 29.09.16)

28.9.16

los graffitis de los Vergara

gente

Eran los primeros tiempos de la democracia. No había redes sociales, el cable no estaba tan difundido. Ubíquense en esa época. E imaginen que los muros de las paredes podían transformarse en un medio de expresión, al estilo de lo que hoy es Facebook o Twitter. Las bandas de rock pintaban las paredes de las casas del barrio, con el nombre de la agrupación, para hacerse conocidos. Hoy el graffiti es algo menos rudimentario y más profesional (si puede decirse así al término). Pero en esos principios de la década del ’80, un simple garabato, esbozado con pintura en aerosol, alcanzaba. De esa época, es un grupo que rompió la monotonía de las pintadas de la ciudad de Buenos Aires con un estilo distinto: el humor. Ese grupo de pibes de La Paternal firmaba como “Los Vergara” y hoy son los conocidos hermanos Korol, con su propio programa de humor en la TV. Entonces, eran sólo unos locos lindos.

Recordamos esa moda y se nos ocurrió bucear en Internet para reproducir algunas de sus pintadas que hicieron punta en esa época. Acá va un puñado, una antología de “Los Vergara”, que esperamos que sirva de acicate para que los visitantes nos acerquen otras leyendas de esos muros que ya se despintaron con el tiempo o que, directamente, no están. Que lo disfruten.
“Tiemblen fachos, Maradona es zurdo”

“El que no salta es un aburrido”
Leonardo Simmons

“Si Cangallo es Perón, yo soy Gardel”
Agüero

“Aparición con vida de Marcelo Marcote”

“Volveré y seré sillones”
Luis XV

“La calle está dura”
Olmedo

“Tengo un palo verde”
El increíble Hulk

“Me molesta la gente que no da la cara”
Anónimo

“No veo un pito”
Una monja

“Argentina: hay quien te quiere y quien te U.S.A”

“Hombre invisible busca mujer transparente para hacer lo nunca visto”

“Levantaré a los caídos y oprimiré a los grandes”
Un corpiño

“Bruno Díaz es Batman”
Superman

“Todos prometen y nadie cumple. Vote por nadie”

“El impotente espera ansioso los días de lluvia porque siempre que llovió, paró”

“Me cago en la sociedad, pero ella me lo retribuye”

“Tiembla Pepsi. Maradona toma Coca”

“El tiempo sin ti es empo”

"No al Papa. Sí a Chef"

“Yo fui una revelación”
Una foto

“La iglesia es tan buen negocio que hay una en cada barrio”

“La Morenita es una atorranta”
La Virginia

“¿Qué mirás pescado?”
Aquaman

“Mi vida está llena de aspiraciones”
Un asmático

“Con Tarzán no se puede hablar, siempre se va por las ramas”

“Estoy recaliente”
Juana de Arco

“No a la donación de órganos”
Yamaha

“Reforma agraria en la Granja de Carozo y Narizota”

“El día que seamos gobierno, el mundo temblará”
Un epiléptico

“Alfred buchón”

“Meteoro: el Enmascarado es tu hermano”

“Se me fue la mano”
Perón

“Ay, patria querida, dame un milico como el Sargento García”

“Una novia sin tetas, más que novia es un amigo”
“Yo en mi pieza tengo el póster de todos ustedes”
El Che

27.9.16

d’artagnan y el máscara de hierro

abc

(…)

Así lo pensó Alexandre Dumas cuando creó un personaje de ficción llamado D'Artagnan, un «Don Quijote gascón», para protagonizar su novela de «Los tres mosqueteros». El personaje se basa en la obra «Les mémoires de M. d'Artagnan» de Gatien de Courtilz de Sandras, escritor y mosquetero, que a su vez se inspiró en la biografía del militar francés Charles de Batz-Castelmore d'Artagnan.

Este militar francés no desarrolló apenas su carrera en la época de Luis XIII y del Cardenal Richelieu, como el personaje de ficticio, pero sí en la del Cardenal Mazarino y de Luis XIV. Nacido entre 1611 y 1615, en el château de Castelmore (Gascuña), Charles de Batz-Castelmore pertenecía a un linaje noble con larga tradición militar por parte materna. Al mismo modo que los hidalgos pobres españoles, el linaje de la familia no correspondía en el momento del nacimiento de d'Artagnan con su patrimonio. La familia materna estaba empobrecida y, sobre todo por empeño de la novia, se emparentaron con una modesta familia de la burguesía local dedicada a la recaudación de impuestos y la distribución de carne.

La educación de d'Artagnan y sus hermanos fue escasa y, sospechando que le esperaba una vida como sucesor de su padre en la carnicería, el joven marchó a París siguiendo el camino de dos de sus hermanos.

Una brillante carrera militar

En el año 1630, d'Artagnan llegó a París en busca de gloria y de convertirse en uno de los 120 soldados que formaban los Mosqueteros, en otro tiempo una unidad formada solo por gentileshombres. En estos años probablemente combatió en Flandes y en Lorena, bajo el mando del mariscal de Gramont, y en la siguiente década entró al servicio del Cardenal Mazarino, un italiano que había sustituido a Richelieu en su papel de principal ministro del reino y enorme conspirador al servicio, en este caso, de la Reina, la española Ana de Austria. Hecho que no evitó que Mazarino y la Reina continuarán con su guerra contra España hasta lograr la victoria total en la fase final de la Guerra de los 30 años.

D’Artagnan fue el mensajero entre la corte y las plazas fuertes durante el conflicto. Cuando Mazarino tuvo que partir al exilio, en 1651, ejerció como su agente secreto en las misiones más delicadas.

Durante el reinado de Luis XIV alcanzó el grado de capitán y, en enero de 1657, se convirtió en el segundo en el mando de la restituida fuerza de Mosqueteros. Continuó desempeñando misiones importantes, entre ellas, se sabe que formó parte de la escolta del Rey cuando fue al encuentro de su prometida, la también española María Teresa; y que acometió el arresto del poderoso ministro Fouquet. El 22 de enero de 1667 el Rey le entregó el mando de los Mosqueteros, ante toda la compañía, en la llanura de Houilles. Justo a tiempo para que dirigiera a esta unidad en otra nueva guerra contra España. D’Artagnan, al mando de su compañía, partió hacia Flandes, donde participó de numerosos hechos bélicos.

Mientras acumulaba cicatrices y ejercía más cargos de la confianza real, otra guerra volvió a llevarle a los terrenos empantanados de los Países Bajos. En junio de 1673, durante el sitio de Maëstrich, el duque de Monmouth se lanzó a descubierto al asalto de una barricada bajo la metralla holandesa. Rápidamente, D’Artagnan y sus hombres acudieron a socorrerle, pero una bala de mosquete mató al oficial francés en el momento.

Luis XIV hizo celebrar un funeral en su capilla y lo sintió profundamente: «He perdido a d’Artagnan, en quien depositaba toda mi confianza y que en todo me servía bien». En 1674, el Monarca fue el padrino del hijo mayor de d’Artagnan, de 14 años, que años después, como otro de los vástagos, se unió a la guardia real.

Que no estaba muerto... que estaba en la Bastilla

Y hasta aquí llega la biografía oficial de d’Artagnan, con un final digno para un héroe. Sin embargo, una teoría reciente ha planteado que el francés no murió en realidad en 1673, ni lo hizo de forma heróica, sino mucho después bajo la misteriosa e ignominiosa Máscara de Hierro de la que Alexandre Dumas también dio fe. Así, la identidad de un preso que permanecía en la cárcel de la Bastilla enfundado en una máscara de hierro (de existir debió ser de terciopelo) sería el antiguo jefe de los mosqueteros. O al menos eso sostiene el historiador inglés Roger McDonald, en su libro «La máscara de hierro. La verdadera historia de D’Artagnan y los tres mosqueteros» (Crítica).

La historia cuenta que por alguna razón desconocida la identidad de un preso de la Bastilla era guardada con celo o, más bien, con hierro. El filósofo Voltaire planteó que debía tratarse probablemente del hermano gemelo de Luis XIV, que había sido apresado para evitar que disputase el trono a su hermano o diera lugar a conspiraciones. Si, como reflejada en su correspondencia su carcelero, Benigno de Saint-Mars, la muerte tuvo lugar en 1703, el célebre preso tenía una edad semejante a la de Luis XIV, 60 años, quien nació en 1638 y falleció en 1715.

Con el paso de los años las teorías sobre la identidad del preso se multiplicaron. A comienzos del siglo XVIII, la princesa Isabel Carlota del Palatinado, cuñada de Luis XIV, explicaría en una carta que existía un preso muy bien tratado por la guardia real que, no obstante, iba siempre acompañado de dos mosqueteros que tenían la orden de acabar con su vida en caso de que decidiera despojarse de la máscara. Proteger su identidad valía más incluso que su vida, ¿era acaso el hermano gemelo del Rey?, ¿un antiguo amante de la reina madre?, ¿el ministro de finanzas Nicolas Fouquet, encarcelado por el propio d’Artagnan?

Roger McDonald cree que ninguna de las anteriores teorías es cierta, siendo el hombre de la Máscara de hierro Charles de Batz-Castelmore d’Artagnan. Según su teoría, este no habría muerto en Maastrich en 1673, sino que fue apresado en secreto y su identidad ocultada para evitar un escándalo público. El ministro de guerra del Rey, Louvois, habría ordenado su detención ante las envidias que le despertaba su popularidad. Es más, McDonald defiende que «Las memorias de D’Artagnan», de Gatien de Courtilz de Sandras, bebieron directamente de la fuente original al compartir éste estancia en la Bastilla con D’Artagnan.

Si bien es cierto que Gatien de Courtilz estuvo varios años preso, se antoja complicado que realmente coincidiera con un preso del que, se decía, permanecía en un régimen completamente aislado. Sobre todo porque, en caso de que el preso revelara su identidad, debía ser ejecutado al momento.

CÉSAR CERVERA
“D'Artagnan de carne y hueso, ¿el capitán de los Mosqueteros estaba debajo de la Máscara de Hierro?”
(abc, 18.09.16)

26.9.16

vascolet

clarín

(…)

A finales del siglo XIX y principios del XX, una oleada de inmigrantes vascos se instaló en la Argentina. Y en esos grupos aparecieron los denominados “vascos lecheros”, esos hombres de boina que no sólo ordeñaban sus vacas, sino que también, a caballo o en pequeños carros, se encargaban de distribuir esa “esne” (leche, en vasco) en distintos lugares. Así se recuerda a distintos tambos: el de los Olivera (en la zona de Parque Avellaneda); el de Bernardo Duhalde (en lo que hoy es partido de Lanús); el de Santiago Altube (en la zona de Villa Devoto) y muchos otros que estaban en Florencio Varela, Ramos Mejía o en Brandsen.

Una zona que también alojó a muchos de estos inmigrantes fue lo que hoy integra el partido de Merlo. Era gente que se dedicaba a la cría de ganado vacuno, pero con el objetivo de producir leche. Entre esas familias aparecen apellidos como Estevarena, Aróstegui, Landaburu, Iparraguirre, Leguía o Etchegaray, entre muchos otros. Y la historia cuenta que, por ejemplo, había una estancia Etcheverry que tenía muchas hectáreas y con su producción abastecía a la firma Kasdorf SA, una empresa creada en 1915 y especializada en productos lácteos, entre ellos la famosa leche Las Tres Niñas que se presentaba en un envase tetra pack de forma triangular.

En ese contexto, en 1908 otro vasco, llamado Pedro Uthurralt, creó otra empresa láctea de reconocida trayectoria en el país. La empresa llevó un nombre que ratificaba la pertenencia a esas raíces: se llamó La Vascongada. Muchos de sus productos fueron líderes en el mercado. Eran muy reconocidos sus yogures (al principio se los conocía como cuajada) y hasta existió un local en plena calle Florida donde se podía beber leche con vainillas, disfrutar un café con leche con pan y manteca o aquel postre llamado “banana Split” (una banana abierta al medio y rellenada con helado que después se cubría con crema batida y chocolate y se adornaba con una cereza). Pero el rey de ese lugar era el Vascolet.

Muchos chicos lo llamaban Vascolé, sin la t final. Era su denominación popular. Para fabricarlo se utilizaba la cáscara de la semilla del cacao que se pulverizaba hasta convertirse en un polvillo muy fino. La preparación también llevaba azúcar y malta. Se envasaba en tarros redondos de cartón y para prepararlo a ese polvillo dulzón se le agregaba leche caliente o fría. También se vendía ya preparado con leche, en pequeñas botellas de vidrio. Las campañas publicitarias lo promocionaban con la frase “Frío o caliente, alimento excelente”. Y agregaban: “Energía, antes y después de los deportes”. Su popularidad en la Argentina hizo que en Uruguay lo comercializara la empresa Horacio Fernández SA y también allí tuvo amplia aceptación. La Vascongada cerró en 1980 y la empresa uruguaya fue vendida en 1976 a la suiza Nestlé que es quien tiene la marca. Por esos tiempos se creó una especie de superhéroe-niño. Lo realizó el publicista argentino Eduardo Schejtman con dibujos de Alberto Del Castillo. El personaje se llamaba Alejandro Vascolet. Una de sus frases era “Alejandro camina por la pared, todos los días toma Vascolet”.

(…)

EDUARDO PARISE
“A tomar la leche, versión a la vasca”
(clarín, 25.09.16)

24.9.16

frases de “Amor y amistad”

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Langford. Si no hubiera sido por Langford podríamos haber sido muy felices.

Felicitaciones por recibir a la mujer más embustera de toda Inglaterra.

Si iba a estar celosa, no debería haberse casado con un hombre tan encantador.

Muy rico. Bastante simple. Ideal.

Y como existe un vínculo de amistad, estoy segura de que pagarle sería ofensivo para ambas.

Si un hombre está en el nombre de un banco, es muy acaudalado. Así que no es lógico que su esposa envidie las sumas que él me ha adelantado.

Quise que ella se deslumbrara conmigo, pero no lo logré. No puedo entenderlo. Es verdad que siempre la he detestado y que antes de su matrimonio, hice lo imposible por impedirlo. Aun así, parece ser egoísta para resentirse tanto de un plan que no funcionó.

-Mi oposición a su matrimonio y más tarde evitar que ellos compraran el Castillo Vernon quizá le dio una impresión desfavorable de mí. Pero he notado que donde hay una inclinación al desagrado, enseguida se encuentra un pretexto.
-No debes reprocharte.
-No lo haré.

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-Cuánto me recuerda Frederic a su querido tío.
-¿Crees que se le parece?
-Notablemente. Los ojos.
-¿No eran marrones los ojos de Frederic Vernon?
-Me refiero más a la forma y al ceño.

Es apuesto, ¿cierto? De un modo extraño y tonto.

-Si la hubiera frecuentado más, sabría el sorprendente grado de infamia y de envidia odiosa de nuestro país.
-No menosprecie a nuestro país, señor.

Un hombre tan rico y tonto no permanecerá soltero mucho tiempo.

La falacia de la juventud. ¿No es claro que nosotras, mujeres resueltas, tenemos las cartas ganadoras?

-¡Retírese, señor! O haré que lo azoten.
-¡Escandaloso! ¿Jamás te lo había cruzado?
-No. Lo conozco bien. Jamás hablaría con un extraño como él.

Los estadounidenses han demostrado ser una nación de ingratos. Sólo tras tener hijos uno puede entender esa dinámica.

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-La Srta. Summers no quiere readmitir a Frederica. Dice que debe pensar en la reputación de su escuela.
-Absurdo. Jamás oí de esa escuela.

-La hija es, entiendo, una joven problemática.
-Sólo vi temor.
-No ha tomado té. Podría ser falta de alimento.

Es la condición de ser padres. Traemos estas criaturas encantadoras al mundo, con entusiasmo, felizmente y luego sin que transcurra mucho tiempo, nos observan y juzgan. Casi nunca favorablemente. Tener hijos es nuestro más ferviente deseo, pero al hacerlo, criamos críticos muy duros.

Por supuesto, cuando los hijos son muy pequeños existe cierta dulzura que compensa el dolor que viene después.

-¿Te preocupa el futuro de Frederica?
-Me preocupa su presente.

¿Churchill? ¿Así la llaman? ¿En una palabra, “Churchill”? Eso explica mucho. Verán, oí “church” y “hill” pero no encontré ninguna de ellas. Sólo pude ver esta casa enorme.

Una oferta espléndida como la de Sir James no es probable que vuelva. Te ha ofrecido lo único de valor que tiene para dar: sus ingresos.

-Temo y me reprocho haberte protegido durante mucho tiempo. De haberte dejado morir un poco de hambre, resistirías un poco menos.
-Mamá, a menudo pasé hambre en la escuela.
-Evidentemente no lo suficiente. De cualquier modo, la hambruna escolar no es comparable con la indigencia.

-Puedo ver que Sir James es un hombre amable y si no fuera una cuestión de matrimonio, seguro me agradaría. Pero el matrimonio es para toda la vida.
-No según mi experiencia.

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Me temo que las mejores cualidades de Sir James no aparecen de inmediato.

Pero cualquier hombre que navegue las aguas del cortejo romántico y que ocasionalmente caiga en esas aguas espumosas no mostrará lo mejor de sí.

No es estúpido y tiene mucho que decir. Pero tengo que mirar con cierto desprecio los caprichos de un corazón que duda de la razonabilidad de sus emociones. Prefiero más el espíritu generoso de un Manwaring que, convencido de su propio mérito, cree que todo lo que uno hace es correcto.

-Este volumen son versos de Cowper.
-Cowper, ¿el poeta? ¿También escribe versos? Impresionante.
-Sí. Es versátil.

-¿Doce Mandamientos? Disculpe, creo que fueron sólo diez.
-¿En serio? ¿Sólo diez debemos obedecer? ¡Excelente! Entonces, ¿cuáles dos sacamos?

-Debe haber notado que es muy tonto.
-Pero ¿además de eso?
-¿Además de eso?
-Sí. Confieso que la primera impresión que tuve de él fue también mediocre. Pero ¿no son esas cuestiones que hacen a Sir James un buen futuro esposo?

Un amante digno debería asumir que una tiene motivos justificables.

La verdad es perfecta: la percibe la razón; la belleza la perciben los sentidos. Y el bien lo percibe el deseo moral.

Tengo terribles noticias: el Sr. Johnson se ha curado.

No tiene el encanto que uno espera de los estadounidenses pero sí su franqueza.

-¿Se ha lastimado un animal?
-No. Actuaciones privadas. Medea. Se presentarán la semana próxima. Pero mejor que no vea los ensayos.

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-Qué poco caballero. Es escandaloso. No puedo creerlo.
-Sí. Muy escandaloso.
-Un caballero a quien le confían correspondencia privada, la lee sin reparo y entonces, por unos comentarios confidenciales, ¿la deshonra es mía? ¿Quién ha actuado mal en este asunto? Sólo tú y yo somos inocentes por leer correspondencia ajena.

¡Qué error cometiste al casarte con el Sr. Johnson! Demasiado viejo para dominarlo. Demasiado joven para morir.

-Ella tiene un misterioso entendimiento de la naturaleza de los hombres. Al forzar ella misma la ruptura, comprometió el orgullo de Reginald.
-¿Misteriosa? No comprendo.
-Reginald empezará a dudar de todo lo que ha oído en contra de ella. Lo abrumará el arrepentimiento. Y lentamente, seguro. se convencerá de que la ha juzgado mal.

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-Eres la mejor madre pero Reginald tiene el tipo de naturaleza honesta que lo hace vulnerable a una mujer así.
-¿La consideras genial?
-Diabólicamente sí. Como la serpiente en el Jardín del Edén.
-¿Esta mujer siempre se sale con la suya?

Tiene razón, señor. Frederica tiene el talento innato de un ave. Pero esas pocas notas pueden ser repetitivas.

-La llamo: “El Ruiseñor de Kent”.
-Denominación encantadora. Y quizá con un maestro como Signor Voltroni podría volverse verdad.

Preferiría casarme con mi esposo que depender de la hospitalidad de otros.

Qué esposo maravilloso tienes, mi querida. Charles parece vivir para obedecer.

Tuve el presentimiento de que la palabra “respetable” nos separaría algún día.

Que el próximo ataque de gota del Sr. Johnson termine mejor.

El corazón es el instrumento que poseemos pero que no conocernos verdaderamente.

Por supuesto, Lady Susan es inteligente, pero es más fácil hablar con un hombre.

Aquí está la iglesia. Pero ¿dónde está la colina?

Mi hija ha mostrado ella sola ser astuta y manipuladora. No podría estar más satisfecha. Una Vernon nunca pasará hambre.

23.9.16

distintas formas de manipulación

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AMOR Y AMISTAD
data: http://www.imdb.com/title/tt3068194

Entre los papeles juveniles de Jane Austen, publicados póstumamente, aparece una novela corta epistolar que no disimula mordacidad y ponzoña: “Lady Susan”. Esta novela es la que adaptó y dirigió Whit Stillman y que llega a los cines argentinos. Los que esperen un “Orgullo y Prejuicio”, vayan con reserva: hay aquí brochazos de los que serían los puntos altos en la carrera de Austen. Pero se observa una mirada crítica muy fresca, irónica, feroz por momentos, en el retrato de una sociedad normada, encorsetada en convenciones rígidas. Si en las mejores historias de Jane Austen, los personajes se atienen a esas reglas y vagan a los tumbos tratando de ser felices, pese a ese férreo ordenamiento exterior, en este relato contamos con un protagonista subversivo, la Lady Susan del título original, una maquiavélica mujer que siempre se sale con su objetivo.

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Lady Susan no tiene freno. Es transparente pese a que envuelve a sus víctimas con una habilidad magistral. Adivinamos lo que quiere. Es más: sus víctimas adivinan lo que ella quiere. Pero termina saliéndose con la suya. Una característica clave es que ella no se siente absolutamente culpable de nada. Puede arruinar a un hombre, hostigar a una hija, arruinar un matrimonio, coquetear con dos candidatos a la vez y ella no siente el menor signo de que esté haciendo algo mal. A su modo, ella ha aceptado jugar con las cartas que la sociedad le ha repartido y apuesta a fondo, para persistir una ronda más en la mesa. Las personas son herramientas para un fin y no tiene empacho en demostrarlo.

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No obstante, cuando miramos con detenimiento el obrar de las personas “correctas”, los otros personajes que conforman la buena gente de la sociedad, no hay muchas diferencias con nuestra protagonista. Muchos de los trucos de Lady Susan están presentes en el accionar de los otros personajes. Son más sutiles, menos francos en su accionar. Pero en su civilidad no dejan de ser tan inescrupulosos como Lady Susan. Hay una capa de hipocresía que les da cierta virtud, inexistente por cierto.

Tal vez por esa condición de francotiradora sin disímulo, las maquinaciones de Lady Susan nos resultan simpáticas y que el destino sea benévolo con ella, no nos cae del todo mal. Al fin y al cabo, como dice un personaje en “Amor y amistad”, “El corazón es el instrumento que poseemos pero que no conocernos verdaderamente”.

De uno u otro modo, todos logran su objetivo: estar en pareja. Aunque haya que pagar por ello, mantener al amante de la esposa o casarse con la hija en vez de la madre.

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Como es de sospechar, una película de estas características se sostiene por la interpretación de quien se pone en la piel de la protagonista. Y Kate Beckinsale (una de las debilidades de esta página) está soberbia como Lady Susan Vernon. Le da el tono justo de cinismo y ligereza a su personaje, basculando con maestría para que su Lady Susan nos resulte, pese a todo, agradable.

Eso sí, nunca querríamos encontrarnos con alguien como ella en nuestro camino.

Pero esa es otra historia.

Mañana, las mejores frases.